martes, 22 de mayo de 2012

La Comunidad Andina; un esquema de integración que se debate en un futuro incierto


Palabras claves: Integración, Desarrollo, Mercado, Crecimiento Económico, Pobreza

Resumen: La aparición en el mundo de nuevas ideas o modelos de integración representa para los esquemas ya existentes un reto a enfrentar en la búsqueda de mejores condiciones económicas y de soluciones integrales para combatir la pobreza y la desigualdad social. El balance sobre la trayectoria de la Comunidad Andina de Naciones requiere de un análisis de los factores externos e internos que han incidido en los errores y aciertos de este esquema de integración regional.

Keywords: Integration, Development, Market, Economic Growth, Poverty

Abstract: The appearance on the world of new ideas and integration models, represents for existing schemes to face a challenge in the search for better economic conditions and solutions to combat poverty and social inequality. The balance on the path of the Andean Community of Nations, requires an analysis of external and internal factors that have influenced the successes and failures of this model of regional integration.


Introducción:

La salida de Venezuela en el 2006, considerada uno de los países líderes en el esquema de integración denominado “Comunidad Andina”, abrió la compuerta a una serie de conjeturas acerca del futuro de la organización. Las riquezas naturales que representa Venezuela para la región, presume una pérdida de mercados y productos para un proceso que ha tenido de sortear múltiples obstáculos a lo largo de su trayectoria. Los errores voluntarios e involuntarios de sus integrantes, han llevado a muchos políticos, economistas, tecnócratas y empresarios, a reflexionar acerca del futuro de la Comunidad Andina  (CAN) en un mundo globalizado que exige mejores y concretos resultados en sus procesos de integración.

La aparición de nuevas ideas o propuestas de integración en Latinoamérica, supone para la CAN un reto en sus expectativas de crecimiento económico y desarrollo de sus pueblos, desafíos que debe enfrentar exponiendo resultados tangibles que le permitan seguir fortaleciendo su sistema, así como concibiendo nuevos esquemas con otros recientes y nacientes bloques de integración. De la capacidad y voluntad para enfrentar los retos que presenta en este siglo XXI, dependerá la supervivencia y legitimidad de este proceso de integración que a lo largo de su historia se ha visto envuelto en éxitos y fracasos.


Décadas de tropiezos y aciertos

Hacer un balance de la Comunidad Andina como proceso de integración regional, conlleva a revisar las características y propósitos de este esquema puesto en práctica el 26 de mayo de 1969 mediante la firma del Acuerdo de Cartagena por parte de Colombia, Bolivia, Ecuador, Perú y Chile. 

            El proyecto de estas naciones de alcanzar un desarrollo integral, más equilibrado y autónomo mediante la integración andina, sudamericana y latinoamericana, permitió conjugar esfuerzos a fin de mejorar sus deficientes economías y mejorar las condiciones de sus ciudadanos. Aunque durante las primeras décadas de funcionamiento de este proceso, el enfoque de la organización se basó netamente en mejorar las condiciones de crecimiento económico como prioridad para luego vislumbrar un desarrollo social, ambas premisas han tenido que pasar por una serie de dificultades propias de los procesos de integración en Latinoamérica.

            Los primeros veinte años de la CAN transcurren en ideas y mecanismos para organizar este instrumento de integración, pero sin mostrar los resultados esperados. A finales de 1989 aspectos exógenos al sistema como la crisis mundial de los 80, cambios tecnológicos, el redespliegue industrial, las aperturas de las economías y la necesidad de mejorar la competitividad de las naciones, conciben para los países miembros la necesidad de realizar una revisión exhaustiva sobre los resultados mostrados y la visión de la Comunidad. 

            A principios de Diciembre de 1989 tras largas reuniones y deliberaciones, se firma la declaración de Galápagos, documento que expresa la aspiración y pretensión de la CAN en cambiar la estrategia de integración hasta ahora llevada y perfeccionar los mecanismos que le permitan mejorar radicalmente los procedimientos internos y exponer resultados concretos para el crecimiento económico de la región.

            El cambio de la estrategia motivado errores internos en el diseño y manejo de las políticas internas del esquema y de los desaciertos y fracaso del modelo de sustitución de importaciones o también llamado el regionalismo cerrado, llevó a la CAN a realizar un diagnostico sobre la realidad económica y social y los resultados mostrados. Este trabajo determinó un cambio de estrategia con miras a una integración hacia afuera o regionalismo abierto lo cual permitió a la región abordar una serie de  transformaciones que llevaron a finales de la década de los noventa a presentar resultados satisfactorios que vislumbraban un futuro prometedor para la CAN.

Mejoras en los esquemas económicos de la integración, estandarización de los aranceles externos comunes (AEC), disciplina fiscal y monetaria, eliminación de regímenes y licencias, liberación de la competencia así como la creación de mecanismos decisorios, normativos, jurisdiccionales, de dirección y de ejecución de las políticas de la organización, permitieron fortalecer el bloque de integración con miras a los retos de finales del siglo XX.

Los progresos de la Comunidad Andina de Naciones comenzaron a hacerse notorios en el incremento de las exportaciones intracomunitarias las cuales pasaron de 1.034 millones US$ en 1989 a 5.333 US$ en 1998 lo cual representó un aumento de 4,1% a 13,8% en la importancia relativa de las exportaciones intracomunitarias. A pesar de este progreso económico, estas cifras estaban aún distantes de los resultados obtenidos por esquemas de integración similares en América tales como el 24,8% del Mercado Común del Sur  (MERCOSUR), el 19,4% del Mercado Común Centro Americano (MCCA) y 48,5% que presentaba el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Aún así los procesos de transformación del esquema de integración continuaron su rumbo a pesar de diferencias a lo interno como el caso de Perú y Bolivia que al principio de las reformas, no optaron por el Arancel Externo Común, así como divergencias políticas entre Ecuador y Perú que protagonizaron en 1981 y 1995 conflictos bélicos que hicieron tambalear la integración andina.


Nuevo Siglo, nuevos retos

Las dificultades que presentó el cambio de estrategia a finales de los ochenta, representó para la Comunidad Andina de Naciones el cambio de parámetros y condiciones de juego en el ajedrez económico mundial. La introducción de una agenda social no considerada primordial en los propósitos de la organización, conllevó de igual manera a mejorar la capacidad competitiva y la visión del organismo.

Nuevas áreas fueron expuestas; medio ambiente, gestión institucional, relaciones externas unidas a las relaciones económicas y comerciales de la integración, como instrumentos para mejorar la imagen y legitimidad de la organización que aún a pesar del empuje dado, mantenía una serie de problemas internos y de amenazas externas. Factores claves como la política agrícola, la estabilidad macroeconómica de la región, la urgencia en la modernización de las aduanas y de los sistemas administrativos así como el mejoramiento de la situación en sus fronteras, son compromisos adquiridos que se mantienen en deuda a pesar de los avances obtenidos.

La poca cohesión dentro de la CAN se puede reflejar con la salida de Venezuela a mediados del 2006 motivado a las negociaciones por parte de Perú y Colombia para la firma de un Tratado de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos de Norteamérica. La salida de un socio prominente y principal como Venezuela, impactó en las relaciones intracomunitarias del grupo. El regreso de Chile en el 2006 como miembro observador después de su retiro en 1973, fue tomado como un síntoma alentador para el esquema de integración.

A mediados del mes de Abril del 2009 otro incidente desencadena fricciones entre los países integrantes motivado al aumento de los aranceles y la limitación de las importaciones de mas de 600 productos para paliar la crisis económica mundial por parte de Ecuador. Estas desavenencias presagian un futuro incierto para la organización.

Otro de los retos a afrontar a comienzos del siglo XXI lo representa incursionar en la consolidación de un Acuerdo de Libre Comercio (ALC) que les permitan mejorar el crecimiento económico, diversificar sus exportaciones así como enfrentar nuevos desafíos que le permitan integrarse interregionalmente con otros bloques de integración y con miras a otros modelos de unificación económica. La propuesta de avance en la profundización de una llamada integración integral como lo expresa la nueva visión de la organización, permite avizorar nuevos enfoques hacia la formación de la Unión Suramericana de Naciones.


Conclusión

Establecer un balance de la gestión del la Comunidad Andina de Naciones no es tarea fácil si se parte de la premisa y del enfoque que muchos de los intentos fallidos por mejorar el crecimiento económico de la región se debieron a la falta de voluntad política de sus líderes. Las constantes desaveniencias entre los gobiernos centrales, recelos y ausencia de un compromiso serio de los miembros de la organización, han incidido negativamente en los resultados económicos y en la falta de legitimidad y seriedad del modelo de integración.

La apertura hacia otros esquemas o modelos, representa la oportunidad de superar décadas de tropiezos, retrocesos y aciertos en la búsqueda de mejorar el crecimiento económico de la región así como influir en la disminución de los índices de pobreza e inequidad que han repercutido en la imagen y credibilidad de la CAN como proyecto de integración. A pesar de haber sostenido durante la última década un crecimiento económico relativo, el mismo aún no logra rebasar la importancia relativa de las exportaciones intrarregionales en comparación con otros bloques de integración regional como el CARICOM, el MERCOSUR y el MCCA.

La posibilidad del reingreso de Venezuela a este esquema de integración regional podría reanimar planes y proyectos que permitan legitimarla dentro de una convulsionada sociedad latinoamericana  que exige mejores condiciones de vida y no esquemas políticos que solo sirven de soporte para propósitos de expansión ideológica.

El esfuerzo puesto en la organización, la ejecución de mecanismos y estrategias de integración puestos de manifiesto en casi 41 años de funcionamiento de la Comunidad Andina, requiere no solo de la implementación de medidas macroeconómicas sino del compromiso de los Estados miembros en consolidad un modelo que les permita apostar  en un futuro mejor como bloque asi como afrontar un sistema mundial cada día mas exigente y de mayores dificultades en lo económico y en lo social.


Bibliografía:

Caballero, J. (2009 Abril 12) Comunidad Andina de Naciones buscará superar crisis en reunión en Lima. El Universal, p A-18.

Comunidad Andina de Naciones (Página web en línea). Disponible en: http://www.comunidadandina.org/

Gutiérrez, A. (1999) “LA COMUNIDAD ANDINA DE NACIONES: BALANCE Y PERSPECTIVAS”. Revista Aldea Mundo. Universidad de Los Andes. Mérida, Venezuela.




lunes, 7 de mayo de 2012

El Desarrollo Endógeno y su postura ante las desigualdades sociales en América Latina. Un reto para las próximas generaciones



Palabras Claves: Desarrollo Endógeno, Desigualdad,  Pobreza, Política Social

Resumen: La realidad social de los países latinoamericanos a comienzos del siglo XXI, presenta incoherencias que se reflejan en los altos índice de pobreza y desigualdad social muy a pesar de los inmensos recursos naturales y de las potencialidades de la región. Los mecanismos de desarrollo aplicados convergieron en experimentos y reproducciones de modelos no adaptados a la realidad local. El desarrollo Endógeno como herramienta para alcanzar las metas de desarrollo y satisfacer las necesidades de los ciudadanos, enfrenta una serie de retos a vencer, entre ellos reducir los altos índices de pobreza y la inequidad social presentes.

Keywords: Development Endogenous, Inequality, Poverty, Social Policy

Abstract: The social reality of Latin America in the early twenty-first century, presents inconsistencies reflected in high levels of poverty and social inequality in spite of the immense natural resources and potentialities of the region. Applied developmental mechanisms views converged on model experiments and not adapted to local realities. Endogenous development as a tool to achieve development goals and meet the needs of citizens, faces a number of challenges to overcome, including reducing the high rates of poverty and social inequity present.


Introducción:

La pobreza y la desigualdad en América Latina y el Caribe (ALC) presentan dos  aspectos en particular que deben ser analizados: su persistencia a lo largo del tiempo y su multiplicidad de dimensiones a pesar del crecimiento económico. Ante el fracaso de los modelos de desarrollo del siglo XX, la región está en la búsqueda de soluciones a los grandes problemas que la afectan y así alcanzar la calidad de vida que sus ciudadanos por derecho se merecen.

El Premio Nóbel de Economía Joseph Stiglitz, ex Vicepresidente del Banco Mundial, ha sostenido que la experiencia latinoamericana sugiere que deberíamos reexaminar, rehacer y ampliar los conocimientos sobre la economía del desarrollo que son tomados como verdad (Stiglitz; 1998) y, más recientemente, que “el desarrollo abarca no sólo recursos y capital sino una transformación de la sociedad.” (Stiglitz; 2002).

Bajo esta premisa los estudios y análisis del Desarrollo Endógeno pretenden encontrar las dimensiones generales y particulares de cada nación que inciden en que los estados latinoamericanos y del Caribe presenten cifras poco anheladas en cuanto a pobreza y desigualdad social a fin de disminuir la gran brecha que hace de estos fenómenos en el hemisferio un aspecto que requiere con urgencia ser acometido.


El crecimiento económico y el desarrollo, una utopía.

El crecimiento económico de América Latina y el Caribe ha sido notable en las últimas décadas tal como se puede observar en los datos aportados por el Programa de las Naciones para el Desarrollo (PNUD) en su Informe técnico elaborado a solicitud del gobierno de Colombia país organizador y sede de la VI Cumbre de las Américas (2011).

A pesar de los datos alentadores que exhibe el informe en cuanto a la capacidad de resistir la crisis económica global por parte de muchos países latinoamericanos, de igual forma se presentan una serie de interrogantes: ¿es realmente el crecimiento económico un eficaz instrumento para la superación de la pobreza y la inequidad social generalizada en la región? ¿Cuál es el impacto del crecimiento en países que ya poseen una larga historia de elevada desigual y exclusión social? Desde hace más de una década esta interrogante está presente en economistas, analistas, dirigentes sociales y políticos que buscan incesantemente respuestas claras, objetivas y precisas. Los cambios sociales y políticos ocurridos en la época reciente dan fe de la preocupación de los ciudadanos en la búsqueda de empleo, calidad de vida, disminución de la pobreza y de un fenómeno que ella genera y está haciendo estragos en la sociedad como lo es la violencia.

El escenario de desigualdad social parece ser un ambiente propicio no solo para aquellas políticas de crecimiento económico nacionales puedan otorgar resultados productivos sino también para generar los rendimientos crecientes que permitan que la acumulación de capital cumpla con su rol de motor del desarrollo endógeno. Un aspecto a considerar son los bajos niveles educacionales que obstaculizan la expansión de las innovaciones, nuevas formas productivas prácticas y flexibles y el desarrollo de una nueva institucionalidad con mayores mecanismos de participación ciudadana. Estos tres elementos conforman la clave para el desarrollo endógeno.

En el contexto de elevada desigualdad social, Lustig, Arias y Rigolini (2002) enunciaron que esta no solo tiene enormes impactos sobre la sociedad sino que responde a profundas causas, enraizadas en la estructura y funcionamiento de nuestras naciones. Las raíces que actúan directamente a través de la desigualdad social o a la par de otros fenómenos sociales como el analfabetismo, la corrupción y la ideología, generan nuevas formas de exclusión social y van dejando estrechos márgenes de libertad a cualquier proyecto de desarrollo endógeno.

La desigualdad social y la pobreza en Latinoamérica producen de igual forma una percepción negativa  hacia las políticas económicas y la pérdida de apoyo político hacia los gobiernos, sirviendo de plataforma  para proyectos casi extintos en el mundo como las dictaduras y alentando modelos populistas, clientelistas y paternalistas. De igual esta inequidad incrementa la desconfianza al interior de los grupos sociales y reduce la formación de capital social y la operación en redes, primordial para el desarrollo local.


Las políticas sociales como herramientas primordiales

Otro aspecto a considerar en la lucha contra la desigualdad y la pobreza lo constituyen las políticas sociales implementadas por las naciones, los promedios de inversión del PIB en programas sociales son satisfactorios en América Latina y el Caribe (ALC), ¿Qué ocurre entonces? ¿Por qué estos planes no inciden claramente en la reducción de la pobreza y desigualdad?. Para Joan Prats, “no se lucha eficazmente contra la desigualdad sólo con las políticas sociales. La superación de las desigualdades sociales afecta al conjunto de las políticas públicas, pero sobre todo exige la alteración de los equilibrios de poder y de las reglas del juego entre los diferentes actores sociales, es decir, la reforma institucional” (Prats;2004).

En el análisis de la desigualdad social nos encontramos que está caracterizada por dimensiones éticas que impactan sobre la legitimidad en la democracia y la gobernabilidad. Los altos índices de abstención en los procesos electorales de Latinoamérica y la poca participación de la ciudadanía en el diseño e implementación de las políticas públicas, muestran una tendencia poco favorable a la solución de los problemas públicos. La búsqueda de la equidad en la distribución de los ingresos e inversiones constituye un enorme reto para los gobernantes que deseen sustentar su legitimidad en resultados y no en promesas mesiánicas.

Tal realidad contrasta con lo expresado por Prats (2004) al afirmar que “en América Latina la desigualdad no es la consecuencia sino la causa de las imperfecciones de la democracia, de los mercados, del estado de derecho, de la eficacia del Estado así como de la extremada polarización social y política. Si su reducción progresiva no se pone como prioridad de la agenda de desarrollo nuevas frustraciones acompañarán sin duda a los nuevos programas que se propongan”


Conclusiones:

A partir de la introducción del modelo de Desarrollo Endógeno en Latinoamérica a finales de la década pasada, la región ha emprendido nuevos objetivos, impulsándose una agenda multisectorial para promover la reducción de la pobreza, y el desarrollo sostenible. Por ello es imprescindible orientar todos los esfuerzos en la consecución de estos objetivos, planteándose relanzar esta agenda de desarrollo con una visión prospectiva, fijándose metas claras y objetivas sobre aquellas dimensiones particulares que tienen impacto en el desarrollo de los países.

            América latina y el Caribe requieren de políticas públicas coherentes, efectivas y sustentables fiscalmente que deben ser herramientas para atender los que deben ser objetivos medulares en las agendas de los gobiernos; reducir la pobreza y la desigualdad con una noción multidimensional, es decir tomando en cuenta la educación como instrumento principal y reafirmando una reforma institucional que permitan adaptarse a las realidades y necesidades de cada país o localidad.

Por último las políticas sociales deben enfocarse en dos objetivos definidos: la justa distribución en la cobertura y su sostenibilidad en el tiempo. El logro de estas metas favorecerá sin duda a crear sociedades estables, cultas, conectadas y promotoras del crecimiento económico y del desarrollo endógeno y local.


Referencias bibliográficas:
VERGARA, P (2004) ¿Es posible el Desarrollo Endógeno en territorios pobres y socialmente desiguales?. Ciencia Sociales Online, revista electrónica. Universidad Viña del Mar, Chile.

Documento técnico elaborado por el PROGRAMA DE NACIONES UNIDAS PARA EL DESARROLLO (PNUD) A solicitud del Gobierno de Colombia País Organizador y Sede de la VI CUMBRE DE LAS AMERICAS. (2011)